Seguidores

martes, 22 de enero de 2013

La reforma al binominal nuevamente rechazada

Hoy, por faltar dos votos para los 2/3 necesarios para reponer la propuesta de reforma al sistema binominal, nuevamente resultó bloqueado el intento por generar en Chile un sistema verdaderamente democrático. Muchos de quienes, en más de alguna declaración pública, dijeron querer cambiar el sistema, votaron en contra, mostrando una vez más un triste espectáculo que siembra nuevamente la desconfianza hacia los políticos profesionales y sus promesas.

El sistema binominal, en breves palabras, provoca que se produzca un empate en la mayoría de las circunscripciones electorales, consguiéndose como resultado que los dos bloques en el poder obtengan respectivamente cerca de la mitad del congreso, y dejando a los posibles candidatos independientes fuera de cualquier posiblidad de elección.

Los efectos de este sistema son varios. Primero, reduce la participación en el poder político a aquellos ciudadanos que participan en los partidos políticos. Segundo, los partidos políticos se ven obligados a hacer alianzas para poder sobrevivir dentro de la institucionalidad. Tercero, provoca inmovilidad en el sistema político, poca flexibilidad para adaptarse a situaciones nuevas, y una representatividad por lo menos cuestionable.

Desde 1990 se han presentado 20 proyectos de reforma al sistema electoral, los cuales han sido constantemente rechazados, ya sea por la derecha, ya sea por algunos de la concertación que se han ausentado, abstenido, o derechamente votado en contra. El resultado es siempre el mismo: Un sistema que se vuelve inmodificable y deslegitimado, pues los que aprueban las leyes son estos mismos que se reparten el poder legislativo a partes iguales.

Que el binominal sea "la madre de todas las batallas" en parte es cierto. Si no se cambia la manera de elegir a los legisladores es imposible lograr reformas verdaderas al sistema político, que expresen verdaderamente el sentir de la gente y hagan de Chile algo más cercano al ideal democrático. Es la madre, porque no es la única batalla a dar. Es necesario también reformar la ley de partidos políticos, impulsar la iniciativa popular de ley, ampliar las materias que pueden ser objeto de plebiscito y, por último, implementar la posibilidad de remover representantes cuando se considere que no han cumplido con sus obligación o el pueblo les ha retirado lo confianza.

El problema es grave, aunque la reacción del senado era esperable. Luego del fiasco de la abstención provocada por el voto voluntario, los senadores no se arriesgarán a introducir otra variable que dificulte aún más predecir los resultados de la próxima elección. Termina quedando la sensación que en verdad no se pretende modificar nada, sino instalar la discusión cada cierto tiempo para terminar rechazando siempre la idea de legislar sobre el tema.

Cuando se comienza a comprender que no es posible lograr los cambios mediante los mecanismos establecidos y los encargados de administrarlo, ni tampoco mediante la presión ciudadana en las calles de manera pacífica, comienza a comprenderse que no es un tema de posibilidades, sino de voluntad. No se hace porque no se quiere, y la presión no es efectiva mientras no ponga en jaque al sistema productivo o el funcionamiento del sistema. El rechazo constante a las demandas del pueblo termina provocando desencanto político, lo que hace que se reduzca aún más los actores que tienen posibilidad de influir, hasta llegar a una oligarquía que se reparte los cargos y establece las reglas. Las primarias van en ese sentido también, ya que son una forma de prever el resultado de la elección, una especie de encuesta financiada por el estado.

En este panorama, ¿Qué camino queda? No basta la sola organización popular en torno a demandas, sino una real organización popular, con conciencia política y con capacidad de ejercer el poder que le corresponde, generando mecanismos propios que permitan avanzar en la ocnstrucción de una sociedad  participativa y solidaria, donde el pueblo no pida favores, sino sea realmente el soberano del estado, con real control sobre las decisiones de sus representantes y con capacidad para generar los cambios que se requieren para un mayor bienestar de la gran mayoría del pueblo chileno, de aquellos que financian el estado, generan la riqueza y constituyen, o debieran constituir, la verdadera preocupación de los políticos y sus instituciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario